Transformadora afición tricolor

Por: Alfonso Ortega Mantecón / Foto obtenida de: www.terra.com

La afición tricolor

La afición tricolor

Es tiempo de fútbol. Los mexicanos deben llegar a sus casas cuanto antes para no perderse un minuto del partido que tanto anhelan. Harán cualquier cosa para encontrarse sentados en sus cómodos sillones antes de que comience el primer tiempo; cueste lo que cueste. Desafortunadamente, este deporte es uno de los que impulsa con mayor fuerza a la masa. Pareciera que se le invita al aficionado a comportarse como una bestia de corral. El balompié es capaz de convertir a un sofisticado ente racional en un ser extraño y de bajo coeficiente intelectual perteneciente a la grey.

¿Cuántas veces no nos hemos encontrados atrapados en el tráfico por culpa de la gente que se dirige a un estadio? Otras veces, los culpables resultan los aficionados; mismos que se dedican a “demostrar” el amor y el apoyo a la camiseta que portan obstaculizando las principales vías de circulación. Los días en que se lleva a cabo algún partido importante coinciden con el registro de mayor incidencia en accidentes viales.

Antes de que comience el esperado partido, las calles son un peligroso camino que los habitantes de la Ciudad de México deben recorrer para llegar a sus hogares exponiéndose a numerosos riesgos. Ya iniciado el evento, la ciudad se transforma en un pueblo fantasma donde sólo se pueden escuchar los vítores o lamentos provenientes de los hogares donde habitan esos seres amantes del deporte. Además, si todo este ritual no fuera suficiente, sólo nos queda esperar la reacción de la población ante el resultado del partido. Los vencedores seguramente acudirán a nuestro Ángel de la Independencia a celebrar; los desafortunados perdedores regresarán a sus vehículos y se dedicarán a expresar contra todo el mundo su desacuerdo con los resultados.

La moda es otro elemento que se utiliza por la afición deportiva. Los estadios de fútbol, me atrevo a decir, son los lugares más parecidos a una exótica pasarela donde desfilan diferentes atuendos surgidos de la trastocada creatividad mexicana. Ahí figuran los típicos aficionados que portan las playeras de sus respectivos equipos y llegan a agitar alguna bandera de vez en cuando. Nunca faltan los emotivos asistentes que poco a poco comienzan a dejar a un lado sus prendas para dejar al descubierto el amor hacia su equipo –hasta los grandes magnates dueños de famosas televisoras lo han hecho– e incluso, mostrar algún tatuaje o pintura con la que ellos mismos se han decorado el cuerpo. Los atuendos típicos –como el de mariachi o quien porta una máscara de algún luchador– nunca pueden faltar. ¿Luego por qué nos quejamos de la visión que tienen los extranjeros de nosotros?

El mexicano es capaz de transformarse por completo al momento en que entra a un estadio. El pudor y el recato quedan dominados por el exhibicionismo, la rebeldía y el deseo de figurar entre la masa. Pareciera ser que el fútbol es quien rige en realidad a la sociedad mexicana, para nuestra mala o buena suerte.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s