¿Cómo se puede dar un festival de este tipo?

Por: Luis Daniel Santiago Vidargas.

Crédito: Corona Music

El Festival Corona Capital se inauguró en 2010. Tras varios ensayos fallidos, por fin se logró que, durante un día varias bandas anglosajonas de gran renombre tocaron en el Autódromo Hermanos Rodríguez. No era un intento de revivir viejas glorias de Avándaro. Era un intento honesto y serio de entrar en el circuito de festivales elite a nivel mundial. Claro que hubieron fallas, pero se logró.

Las bandas principales que se trajeron para esa edición fueron Interpol y Pixies. Se creía que había sido un golpe de suerte. Que no había presupuesto para repetir tal hazaña cada año. Que este festival se quedaría en su primera edición. Sin embargo llegó el 2011, y con él, se anunciaba el cartel de la nueva edición del festival, con bandas de la talla de The Strokes y Portishead. Una vez es suerte, la segunda puede ser coincidencia.

Para cuando se anunció el cartel de la edición 2012 del festival, el cual desplegaba una cantidad impresionante de bandas de alto perfil, así como la adición de una nueva fecha, quedó muy claro que había surgido un cambio de raíz. Se estaba gestando un festival clásico, el cual cuenta con el perfecto balance entre géneros. Entre bandas jóvenes y experimentadas. Entre aquellas que apenas van empezando y las que van de salida.

Con la liberación del cartel del 2013 se confirmó lo anterior. Esto es importantísimo para México. Se que si se analiza desde un punto de vista objetivo, podrá parecer banal un tema de estas características ¿Qué relevancia tiene un festival cuando hay otros asuntos en la agenda nacional que son de mayor importancia como las reformas energéticas y de educación? Su relevancia yace en el hecho de que un acontecimiento de talla internacional se esta gestando en México.

El Festival Corona Capital implica un avance cultural mayúsculo en la historia moderna del país. Es muy simple la razón del porque. En un sistema tan corrupto como el nuestro, inclusive en la industria de los conciertos, donde Ocesa dirige prácticamente un monopolio, el hecho de que se gesten eventos de este tipo es un sinónimo de algo: progreso. He ahí la razón por la cual este no es un tema banal.

México ha progresado de ser ignorado, como muchos otros países latinoamericanos, a una parada obligatoria para las grandes bandas a nivel mundial, y este festival ha maximizado lo anterior. Avances como este llenan de optimismo, ya que, como es mencionado arriba, hubo un progreso. Si pueden haber progresos en este país. Claro que volviendo a la realidad, me doy cuenta que es prácticamente imposible que un festival inspire a la población a hacer el bien. Solo queda esperar por lo mejor, por más iluso que parezca.

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