México: una patria sin luz.

Por Cristina Del Peral

Sepelio de estudiante normalista / SDP noticias.

Sepelio de estudiante normalista / SDP noticias.

México “el país fallido” –y esto lo afirmo– es un país incluyente.

Incluidos estamos todos en la enfermedad degenerativa que se ha encargado de infectar cada rincón de este “patria de héroes”. Le hemos escupido a nuestra tierra y le hemos escupido a nuestra gente. Lanzamos escupitajos hacia arriba, a un gobierno que creemos ajeno, y la gravedad que nos ha condenado a todos al mismo nivel, nos lo regresa de lleno en la cara.

Nuestro más reciente “crimen de estado”, la desaparición de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa, ha causado el revuelo típico de una noticia machacada por las clases ajenas: una población generalmente indiferente, levanta su voz frente a los ordenadores (nuevos voceros de la revolución) para después voltear su cara hacia la vida que importa: la del cotidiano, la de la “seguridad laboral”, la de las “damas” ofuscadas y los “caballeros indignados”. Las protestas se suceden y como siempre las esferas altas se dignan a unirse por un momento al clamor de un pueblo verdaderamente ultrajado.

Pero no durarán mucho.

Durarán con ellos hasta que los medios se aburran del caso. Durarán con ellos hasta que un nuevo sensacionalismo ocupe la mente colectiva. Durarán, hasta que regresen a la comodidad de sus casas y el eco de los estudiantes se plasme en un breviario nacional de tragedias que sólo se resucitan el dos de octubre.

México, hipócrita.

México, asesino.

México, patria de tragedias, patria de inverosimilitudes. Patria de cobardes que no pueden levantar la cabeza cuando les cruza la espada: “los agachados”, “los de hule”; que motes despectivos, que motes acertados. Somos una nación muda, donde cualquier voz que no se calla con dinero, se ve apagada a punta de pistola. Y tenemos el descaro –escuchen esto, gente­– tenemos el descaro de pasar las culpas al gobierno. Un gobierno que no es más que un reflejo visceral –y es por su realismo, que es rechazado– de sus ciudadanos.

“¿Dónde se apaga la luz?”, preguntamos, cuando los verdades os encandilan. Ahí, mexicano, en el borde entre la indiferencia y la estupidez. Ahí se apagan.

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