De magnates a presidentes

Por: Rebecca Zertuche/ Foto: El economista

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Donald Trump por la presidencia en Estados Unidos

La contienda por la presidencia en Estados Unidos ha sido apañada por empresarios frustrados tratando de mejorar un país en el que la economía fluctúa drásticamente por sus acciones. Se han creado campañas electorales con propuestas que buscan la estabilidad económica, pero la realidad es compleja y los candidatos son un reflejo de lo que la sociedad permite: empresarios buscando más dinero.

Donald Trump, el magnate inmobiliario, que tiene varios hoteles, es propietario de la organización “Miss Mundo” y un programa reality “El aprendiz”. En el 2012 buscó la posibilidad de la candidatura presidencial del Partido Republicano pero posteriormente se echó para atrás y apoyó a Mitt Romney. Aún así, su ímpetu por ser presidente no se ha desvanecido y buscará de nuevo la presidencia en el 2016.

Dentro de la contienda electoral se encuentran una lista de republicanos, incluyendo al senador de Florida, Marco Rubio; al senador de Carolina del Sur, Lindsey Graham; al gobernador del estado de Wisconsin, Scott Walker; al ex gobernador de Florida Jeb Bush, y el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie.

Trump afirmó en su discurso en su torre corporativa que si llega a la Casa Blanca, construirá un “gran, gran muro” en la frontera sur. En su discurso exclama un odio hacia México y lo declara un enemigo ya que “un país sin fronteras, simplemente no es un país”, insistió. Su posición es clara y respetable, pero sus propuestas reflejan un pensamiento individualista en el cuál el beneficio principal va hacia construir un Estados Unidos sin el apoyo de países fronterizos.

Magnates como Romney en elecciones pasadas han utilizado el tema de la migración ilegal como un arma contra los opositores republicanos que proponen soluciones razonables y se  niegan a creer en un Estados Unidos inclusivo en lugar de uno exclusivo. Trump no difiere mucho de esta opinión, ya que considera que los mexicanos han llegado a robar los trabajos de la gente americana y, por ende, las medidas necesitan ser más drásticas.

El problema no radica en quién se postula para presidente, éste radica en la necesidad de autorrealización de los empresarios con esperanzas de llegar a la Casa Blanca. No es cuestión de propuestas que como país vecino nos apoyen, es creer en una democracia y no en un concurso de popularidad; no es dudar de su capacidad intelectual ni mucho menos estratégica, es dar cabida a que cualquier persona con el suficiente presupuesto pueda ser el líder de una nación.

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