Verdadera pelea del siglo

Por: Ignacio Santiago / Foto : Ignacio Santiago

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Segundo r ound

Es sábado 20 de junio, son las 20:30, ya obscureció, los boletos están agotados; el Centro Cultural Roberto Cantoral tiene el peculiar olor que caracteriza a la Monumental Arena México. Hoy se deja todo en el ring, hoy no habrá piedad, hoy se enfrentan dos titanes en un espectacular “Máscara contra cabellera”.

Por el bando de los Rudos el maestro Infanzón, a nombre de los técnicos el maestro Cruzprieto. Carteles con las imágenes y los nombres de los gladiadores cuelgan del techo, dos pianos esperan inertes en el escenario, se anuncia la tercera llamada y la maestra de ceremonias presenta a los luchadores.

El concierto comienza en calma, Mozart es el encargado de llevar el timón en el primer combate, las notas son precisas, se nota que Infanzón y Cruzprieto están profundamente centrados en la interpretación, ambos tocan cada nota con precisión milimétrica, la audiencia esta expectante del primer golpe, de un segundo a otro Infanzón toma el poder y la reacción de Cruzprieto es lenta pero acertada, termina la primer pieza en decepcionante pero justo empate.

El concierto avanza, y el dominio se carga hacia el bando técnico, la formalidad y precisión del maestro Cruzprieto le facilita llevarse el primer round; sin embargo, conforme avanza la noche, la improvisación al mero estilo de jazz hace que el rudo Infanzón se recupere.

Llega el tercer round, la ambientación cambia por completo el escenario literalmente se transforma en un ring, hay cuerdas, hay entrenadores, hay vendedores de mascaras y cerveza recorriendo el lugar, el referee grita “Lucharan, de dos a tres caídas sin limite de notas”, el ultimo round promete ser inolvidable.

Llueven notas y golpes, la intensidad de la música se adapta a la perfección a la violencia del ring, ruda improvisación VS técnica formalidad; los músicos tocan a toda velocidad, es una imagen hipnotizante. Sin que se sienta el tiempo acaba la ultima pieza. Es imposible elegir un ganador, el público esta dividido, el referee cede ante la presión el decide culminar la verdadera pelea del siglo con un empate.

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