Opinión: Alí Jamenei y el comienzo de la política genocida

Por Rodrigo Ugarte

La semana pasada estuvo llena de declaraciones de Ali Jamenei, el líder supremo de Iran. Tras el cierre del mortífero trato nuclear que  el año pasado mantuvo a la nación persa y los Estados Unidos en una larga discusión extenuante, y al resto del mundo mordiéndose las uñas, el ayatolá informó a través de su cuenta de Twitter y en su página web oficial que, a pesar del “éxito” del tratado, no volverán a hacer negociaciones con los americanos para nada.

Esta fuerte declaración contradice completamente a la opinión dada hace unas semanas por el presidente del país, Hassán Rouhani, quien había dicho que el gobierno iraní estaba preparado y dispuesto para reabrir diálogos con Estados Unidos, esta vez para tratar el tema de la situación actual de Siria. El presidente se mostró relativamente amigable y dió a entender que era posible que el hasta ahora pacífico trato con Washington siguiera un status quo.

Jamenei respondió aceptando que se había llegado a un acuerdo de buena manera, y que los americanos “se habían comportado bien”, pero niega rotundamente futuras colaboraciones, ya que opina que estos tratados que parecen beneficiar a su pueblo, sólo son una máscara para las intenciones de Obama de controlar a la nación medioriental, aún cuando gran parte del congreso se haya opuesto al acuerdo nuclear.

Una de las voces internacionales más fuertes en contra del apoyo americano al programa nuclear iraní es Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. El mandatario ha llamado al tratado una abominación, y una amenaza para su país, Europa, América, y el resto de las naciones soberanas de Medio Oriente. A él se le suman los gobernadores de países de la región como Arabia Saudita y Qatar.

Jamenei aprovechó su declaración para arremeter contra el estado zionista advirtiendo que éste será destruido en menos de 25 años, y que Persia se encargaría de hacer todo lo posible para hacer esto la realidad. Durante el mes pasado, se ha descubierto que es justamente Irán quien ha pagado el armamento y entrenamiento no sólo del Estado Islámico en su lucha por dominar el Levante, sino también de grupos terroristas como Hamás y Hezbolá, con el propósito de aumentar los frentes de ataque contra Israel.

El riesgo se acrecenta y tras declaraciones como esta, sumadas al resultado del acuerdo entre Washington y Teherán, sólo podemos esperar una oleada de violencia en la región, a la que de todos modos no le hacía falta el empujón.

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