Crónica de una boda Mainero

POR: MAITE URIBE MAINERO / FOTO: PAOLA MAINERO

Los novios: Paola Mainero y Jonathan Gutiérrez

Los novios: Paola Mainero y Jonathan Gutiérrez

Todo había empezado un año antes cuando Jonathan Gutiérrez le había propuesto matrimonio a Paola Mainero durante unas vacaciones en Disney World. Tras dos años de noviazgo, los pandas –como ellos se dicen de cariño-, finalmente se iban a casar.

Los preparativos iniciaron inmediatamente. Paola nos dijo a nosotras, sus primas, que ya había escogido un lugar bastante desconocido en Cuernavaca. Era la Hacienda de San Carlos en la carretera Cocoyoc-Oaxtepec. Las bodas, religiosa y civil, y la recepción se llevarían a cabo ahí.

El viernes 27 de marzo las familias de Maria y Campos Mainero, de La Peza Mainero y Uribe Mainero salimos de la Ciudad de México, en tres coches diferentes, por la tarde. Las tres familias nos quedaríamos en la misma casa e iríamos a la boda juntos. La emoción y las expectativas de la ceremonia fueron, prácticamente, de lo único de lo que se habló a lo largo de todo ese día.

Al día siguiente, la misa se llevó a cabo adentro de un edificio a medio terminar que no contaba con paredes sino con arcos y que, a falta de ventanas y paredes, la naturaleza, poco a poco, había conquistado. Árboles enteros cruzaban el techo y los arcos estaban rodeados de enredaderas y plantas. El piso del lugar había sido decorado con pétalos de rosas blancas y con bancas de madera en donde las personas se debían de sentar.

La ceremonia fue corta; no obstante, romántica. Los novios se veían muy enamorados y la novia, particularmente, se veía hermosa. La música fue lo que hizo que fuera diferente de otras. No se utilizó la Marcha de Nupcial de Wilhelm Richard Wagner ni las Cuatro Estaciones de Vivaldi como en la mayoría de las bodas se acostumbra. Digno de la tradición de la familia Mainero quienes somos admiradores de las bandas sonoras de las películas, se escogió canciones de Hans Zimmer y otros.

Una vez que la boda religiosa terminó, los novios y sus testigos pasaron a otro recinto para llevar a cabo la ceremonia civil. Al resto de los invitados se nos llevó a un pequeño jardín con sillones y mesas en donde se llevó a cabo el coctel. Fue ahí que nos dimos cuenta que el sol había salido y hacía mucho calor.

El coctel duró aproximadamente una hora y finalmente se nos llevó al lugar de la recepción. Ésta se llevó a cabo en una catedral de piedra que no había sido terminada y que no contaba con techo ni con ventanales. Tras una hora de esperar en la mesa, los novios, quienes habían estado en la sesión de fotos, finalmente llegaron y fueron directo a la pista en donde bailaron, sólo unos cuantos segundos, la canción de Don’t stop believing. Fue durante ese momento que los meseros se acercaron a sus respectivas mesas y comenzaron a servir la comida.

Como primer plato se nos sirvió pato con verduras envuelto en una masa verde. El segundo fue una sopa de chicharrón presentada en un pan sin migajón como plato. El tercero fue camarones gigantes envueltos en manzana seca con una cama de risotto. Y finalmente el postre fue una gelatina de leche cubierta en salsa de zarzamora.

Durante la comida, un saxofonista argentino que Paola había descubierto en la red social YouTube, tocaba canciones meramente con ese instrumento.

Una vez que todos terminaron de comer, se acercaron con los novios para felicitarlos y, después de haber acabado con eso, fue el primer baile. Primero Paola y Jonathan bailaron animosamente la canción de Don’t stop believing; bailaron tan bien que el ritmo de la música se adelantó. Luego la novia bailó con su papá la canción de Slipping through my fingers y finalmente el novio bailó con su mamá una canción de los ochentas cuyo nombre no me sé.

Cuando la canción terminó, las familias de los novios pasamos a la pista y los rodeamos en un círculo mientras éstos bailaban. Desde entonces, no se paró de bailar. Comenzaron a llegar los carritos de shots y el volumen de la música subió.

Fue alrededor de las siete y media que las primeras gotas de lluvia empezaron a caer. Sin embargo, esto no paró a las personas quienes siguieron bailando. Tras media hora de estar en ese lugar, se nos avisó que ya había acabado de llover. Fue entonces cuando Paola aventó el ramo de flores, Jonathan le quitó la liga de su pierna y la novia repartió shots de tequila a las mujeres que se encontraban ahí.

Después de que la dinámica terminara, la lluvia comenzó otra vez. No obstante, por segunda ocasión, esto no nos paró. Bailamos bajo la lluvia y bajo los truenos por varios minutos. El piso estaba completamente mojado y nuestros trajes/vestidos también. No fue hasta que la música paró que los pocos que quedábamos tuvimos que abandonar la pista y seguir la fiesta en el recinto techado; el cual ya había sido acomodado con sillas y sillones.

A las once en punto hubo una ronda de fuegos artificiales lo que hizo que varias personas salieran del recinto techado. Por tres horas más, las personas bailaron, cantaron, platicaron y se rieron, hasta que la música paró a las dos de la mañana y los novios se fueron. Fue entonces cuando partimos.

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