De nudistas y artistas en México

Por: Sandra Moreno/ Foto: dondeir.com

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Cartel de “Viva La Mamma”, INBA.

1 de octubre, 19:58. Se escucharon los primeros acordes de los violines mientras afinaban. Ya íbamos tarde, entonces comenzamos a correr por las escaleras para llegar a nuestros lugares. Bellas Artes deifnitivamente no fue creado para los zapatos altos. No quería perderme ningún detalle porque nunca había visto o escuchado “Viva La Mamma”, de Gaetano Donizetti. Nos tomamos de la mano y logramos llegar. Lugares 25 y 26 F, justo al centro. 

Habíamos tenido un camino dificil, con todo el tráfico por las marchas que iban a realizarse al siguiente día hicimos una hora aproximadamente. Una hora en la que no platicamos, no hicimos ni siquera comentarios al aire sobre lo que estaba pasando. ¿Y qué estaba pasando? Pues nada, lo de siempre. Solo había tráfico. ¿O no? ¡No! Una manifestación justo frente al palacio estaba ocasionando todo esto. Hombres y mujeres desnudos gritando en contra de Marcelo Ebrard estaban estorbando en las calles. Pensamos que era hora de regresarnos a la casa, que esto era un insulto al arte.

Creímos que una vez ahí sentados las cosas estarían mejor. Que la música y las voces nos relajarían y así fue. Comenzó el Acto l, esto no parecía una ópera cualquiera y no era solo por la compañía, había algo más: las risas. Ni siquiera me fijé cuando compré los boletos, ésta era una adaptación cómica y a la mexicana, pero en italiano.

Despejamos nuestra mente por un momento y nos dedicamos a descifrar la obra porque habíamos olvidado tomar un programa en la entrada. No alcanzábamos a ver mucho, la verdad, pero nos estaba gustando. La puesta en escena era sencilla, pero bella. Los músicos estaban al fondo, aunque tenían una participación singular; eran parte de la obra, no solo estaban de acompañamiento. Una prima forma parte de los segundos violines, así que nos pasamos un buen rato buscándola.

Mi acompañante no despegaba la vista de la punta de sus pies; eso me estaba cansando. Le pedí que pusiera atención porque de verdad estaban haciendo un gran trabajo. Nos atacábamos de la risa a cada rato y nos dejamos llevar. Para el intermedio ya habíamos conseguido un programa prestado.

Muchas personas iban muy arregladas, con vestidos de noche y smokin; otros en jeans y converse. Los peinados de la noche eran chongos altos como a la antigua, los hombres con el bote de gel en la cabeza bastante relamidos. Todos estaban disfrutando del espectáculo.

Comenzó el Acto ll. Junto a nosotros una pareja discutía sobre un error que había cometido su hija durante esa semana. Nosotros solo nos reímos porque no tenía sentido que lo discutieran en ese momento. Estábamos viendo una de las mejores óperas hasta ahora y ellos no estaban valorando el momento. ¿Nosotros sí?

En este acto las cosas se pusieron serias y los cantantes se lucieron. Llegó el gran final y nos dolieron las palmas por aplaudir tanto; estábamos encantados con todo. Era la gente, el lugar y el momento. Todo fue perfecto.

En ese momento entendimos que en nuestro país vale la pena pasar una hora encerrados en el coche gracias a una manifestación nudista si podemos ver espectáculos como este a tan solo unos metros del desastre.

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