Donde los sueños se hacen realidad

DISNEY

Por: Mónica Regina González Urruchúa

No quería despertar, parte de mi no quería que fuera este día, sabía que el tiempo pasaría muy rápido y que no lo disfrutaría lo suficiente. Tenía más de 5 años que no iba al lugar donde los sueños se hacen realidad y desde que mi mamá me había dicho que compró los boletos lo podía dejar de pensar en eso; pero hoy era diferente. 

Estaba en el aeropuerto, veía a todas las personas pasar y me preguntaba cuál sería su destino. Algunos tenían la mirada perdida, a otros se les notaba el estrés y a otros no se les podía quitar la sonrisa del rostro. Me imaginé la cantidad de gente que viajaría por primera vez en avión o que irían a un lugar nuevo, era impresionante pensar en todas las historias que estaban ocurriendo a mi alrededor.

Lo triste es que no podían contarlas, cada quien sabe su historia y yo en ese momento sólo sabía la mía.

La señorita de la aerolínea nos avisó que nuestra sala ya estaba asignada, cuando se alejó me pude dar cuenta de la forma en la que caminaba, tenía los hombros caídos y mostraba una falsa sonrisa a todos los viajeros, podía adivinar que para ella no había nada interesante en estar en un aeropuerto.

Caminando por el aeropuerto podía ver más gente, más historias.

A pesar de la emoción que te puede transmitir un aeropuerto, podías ver a la gente dar vueltas por las salas de espera, algunos hablaban por teléfono, la mímica de sus manos era curiosa ; fácilmente podías notar quien estaba molesto o quien estaba teniendo una plática normal.

Cuando mi oído captó los gritos y risas de niños pude saber que ya habíamos llegado a la sala, todo a mi alrededor emanaba felicidad. Podías ver todo más colorido e incluso oloroso, algo dulce se percibía en el aire. A lo mejor la magia empezaba desde que esperabas el avión.

Cuando vocearon que el avión estaba listo, la avalancha de gente no se hizo esperar; mi madre y yo decidimos quedarnos hasta el final para que no tuviéramos que hacer una larga fila.

Finalmente pudimos entrar, todos los ojos estaban expectantes, era obvio que ya todos querían llegar, los niños se removían incómodos y preguntaban a sus padres cuando llegarían al destino. Nos sentamos en nuestros respectivos lugares y miré a la ventana, mi entorno en poco tiempo cambiaría.

Siempre que salgo de México me encanta ver la ciudad a través de la ventana, puedo apreciar la incontable cantidad de casas, percibir el smog e incluso puedo llegar a escuchar los claxons, hay algo muy abrumador de la ciudad. Quizá es que toda tu historia está escrita en el suelo o a lo mejor que mientras tu estás aquí, miles de historias se desarrollan a tu alrededor y es justo en ese momento en el cual te puedes dar cuenta de su existencia.

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