Opinión: Los auténticos títeres

Por: Gracia Vilanova

 

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Hace unos días, El Salvador fue sede de el Tercer Festival de Internacional de títeres. Este atrajo a niños, jóvenes y adultos curiosos de asistir a un espectáculo, donde, los actores principales son marionetas que cobran vida gracias a la manipulación de artistas que están detrás del telón.

Pero, este tipo de performance no resulta nuevo para el pueblo salvadoreño, que últimamente ha podido presenciar uno de los espectáculos políticos más interesantes, difundidos y orquestados, que, en la historia del país se presenta como un triste reflejo de la falta de criterio y reflexión en el aspecto social-político.

Como cualquier presentación artística, esta clase de show necesita de actores, los cuales  pretenden vender una idea de realidad al público para adentrarlos a la historia. En el caso de El salvador, estos actores son pseudopolíticos que por años han tenido su propio escenario, mismo que han ido fabricando poco a poco con el sudor, trabajo e ignorancia de la sociedad. Ignorancia que puede sonar a pecado, pero que más bien es un efecto directo del conflicto armado que dejó a padres e hijos llorando a El Salvador.

Como contexto, es importante recalcar que en El Salvador el sistema de educación (si es que lo podemos llamar así) es débil y falto de materias o dinámicas que incentiven a los estudiantes  a la crítica y a la tolerancia. En escuelas públicas (y me atrevería a decir en privadas también) temas como la el nacimiento del sistema representativo, los modelos políticos e historia política son completamente olvidados para solo memorizar cosas relacionadas al continente americano, y si de hecho se llegan a ver, esto se limita al aprender el contenido y así pasar el examen.

Dicho esto, es fácil entender por qué los salvadoreños tenemos tantos problemas al momento de manifestar nuestras opiniones en cuanto a la política. La soberanía está en el pueblo, pero eso casi siempre lo olvidamos, y así nos dejamos llevar a un juego de roles en el que un partido u otro son “nuestro máximo” o peor, justificamos errores de altos funcionarios y ex-funcionarios con argumentos simplistas como los que consienten el robo de miles de dólares con la necia excusa de que al menos esta persona “se atrevió” a denunciar actos inmorales y deshonestos de altos servidores públicos.

Como disfrutamos tanto de los espectáculos, nos sumamos también a ellos. ¿Qué mejor que asistir y vivir la experiencia de estar bajo los reflectores? Un ejemplo de esto lo tenemos en la marcha de apoyo que recibió un alcalde de nuestro país, y aunque podríamos discutir también sobre cómo este individuo se desenvuelve públicamente, es más relevante a mi criterio analizar el comportamiento de los asistentes.

La mayoría de ellos seguramente no tenían idea absoluta de a qué habían ido, más que el simple concepto de apoyar al alcalde, cosa que en un mundo romántico e idealista es enternecedor, pero en la realidad de una nación con miles de personas en pobreza y que en promedio pierde veinte vidas al día debido a la violencia, es simplemente absurdo. Una periodista fue el chivo expiatorio de tal manifestación, ya que después de hacer preguntas tan claras y sencillas de responder para alguien que debería conocer al menos qué esta representando, fue criticada y acusada de anti-ética por sus interrogantes a personas “humildes”.

Disculpen ustedes, pero la humildad no es sinónimo de ignorancia, y esta no debe ser la causa para defender o atacar a otros sin al menos razonar la situación y el contexto. Por ejemplo, si vas a identificarte como feminista, investigas y preguntas un poco sobre el feminismo, para que cuando alguien te pregunte ¿por qué eres feminista? no te quedes con el “porque las mujeres son más capaces que los hombres” o algo por el estilo. Así, si te muestras a favor de una causa, como es apoyar al edil capitalino en un tema relacionado a la clonación de páginas web, es imperante que al menos conozcas de qué va esta práctica y cuáles son algunos de los términos o conceptos relacionados a la misma.

Por lo dicho anteriormente, es de suma importancia que los salvadoreños estemos informados de diferentes fuentes referentes a qué es lo que realmente está pasando en nuestro entorno. La reflexión es la práctica que nos lleva a la virtud del criterio, el cual no nos dejará caer en estos espectáculos baratos y ridículos, de los cuales los únicos que salen perdiendo son los mismo que pagaron e incluso lucharon por verlo y ser parte de él. Sumado a esto, a tolerancia es el otro pilar que fomentará una cultura de progreso y sobretodo paz, y para que esta base se de necesitamos que la educación integral sea fundamental a enseñar en cada hogar, salón, espacio público y proceso de comunicación.

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