3… 2… 1… ¡Feliz año nuevo!

 

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El primer amanecer del 2016

Por: Sara Ximena Saldaña Torres / Foto: Manuel García

Abrazos y gestos de cariño por toda la sala. El vodka que abrió nuestra velada empezó a pintar su efecto. En 20 años pisando el planeta era la primera víspera de año nuevo que pasaba lejos de casa y sí, si se lo preguntan, se sintió extraño, pero solo al principio.

Miranda y su familia fueron los anfitriones de la velada. Los típicos “propósitos de año nuevo”, que nadie realmente se propone a cumplir, no estuvieron tan presentes durante la noche. Solo es una vieja tradición que se lleva a cabo por modalidad y no por deseo. Estaban ahí en frente: doce gordas uvas que apenas me cabían en la boca.

Las doce uvas desaparecieron en un santiamén y claro, ya pasadas las 12:00 de la madrugada. Salud para la familia y para todos. Abundancia en todos los sentidos. Fue lo único que realmente era importante y con tener eso ya era afortunada. El considerar si quiera alguna situación amorosa estaba fuera de la mesa. Creía que existían mejores cosas para dedicar la mente y el tiempo. Sin duda alguna el 2015 no fue el mejor año, quiero decir, no fue un pésimo y miserable año, pero no ha sido el mejor.

“¡Ximena!”, abrazos y besos. “Feliz año, amiga”. Era May, amiga de la infancia, acompañada por ese otro amigo de toda la vida, Axel. Nos recogieron para irnos a la verdadera fiesta de año nuevo. Ya saben, con los cuates. “Se cuidan y se divierten, nos vemos en la mañana”, los padres de Miranda se despiden mientras subimos al automóvil.

En el auto se escuchan cantos a todo pulmón, ya con alcohol corriendo por las venas. Llegamos a casa de Manuel y ahí estaban todos. Sería una muy buena noche.

Lo vi a lo lejos y mi mirada se plantó con la suya. De repente la sangre se sintió fría y débiles las rodillas. Realmente no esperaba verlo y mucho menos ahí y en ese momento. Yo juraba desde la primera vez que cruzamos miradas que no sería más que una ilusión y que no lo volvería a ver.

Pero ahí estaba; y con alguien más.

“No prestes atención”, obligué a pensar para mis adentros. Baile, risas, bebidas, besos, fotografías… de todo hubo esa noche. Los recuerdos son nublados pero son buenos. Cada hora, más o menos, mi mirada volteaba y se encontraba con la suya. Qué incómodo. No importó, pues en realidad juraba que el sentimiento era pasajero. Claro, eso creía, hasta que en un momento de la ya mañana, pasó por mi lado y rozó mi brazo. Sentí que el mundo casi se derrumba y ahí fue cuando supe que no tenía remedio alguno.

El sol comienza a salir. Que hermoso cielo. El primer sol del 2016.

Lo veo. Me ve. Sonreímos. Feliz año nuevo, Benjamín.

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