Triste mañana en la bella ciudad de Oaxaca

Por: Juan Pablo Gutiérrez Berrueta / Foto: Juan Pablo Gutiérrez Berrueta

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Carretera de Oaxaca

Los maestros del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación de la sección 22 bloquearon la carretera 190 el pasado 18 de junio. La manifestación tenía como propósito el boicotear la reforma educativa del presidente Enrique Peña Nieto,  para poder mantener su puesto sin ser evaluados.

Desde que uno toma la carretera 190 ya se puede sentir la tensión, cuando orillados a la derecha se ve una interminable fila de camiones de carga detenidos y sus respectivos choferes en grupo platicando y dejando su carga echarse a perder.

Al terminar la fila de camiones se encuentra una patrulla de la policía federal tapando el ancho de la calle, para que ningún carro pase y sea expuesto al violento bloqueo de los maestros. Si se tiene suerte, o una patrulla de la policía vial que te escolte por caminos alternos de la sierra, se puede introducir uno a la ciudad de Oaxaca.

El sendero es cerro más que terracería, se ven a las orillas casas que parecen abandonadas. Estos caminos son conocidos por la sección 22, pero no son cerrados hasta que se dan cuenta que hay una fuga de gente que pasa por ahí.

No hay seguridad alguna en todo el tramo de la carretera 190, ni siquiera al pasar por la última caseta antes de llegar propiamente a la ciudad de Oaxaca. Los maestros están en todos lados y si te detienes aunque sea para ir al baño, te persiguen para ver cómo pasaste. La mejor solución: correr.

El bello centro de la ciudad es tomado y ensuciado por los planteles de los manifestantes. La situación está así, según una nota informativa del periódico digital El Universal del 30 de octubre del 2006, desde el 22 de mayo del 2006, cuando la sección 22 entregó al gobernador Ulises Ruiz un pliego petitorio sin respuesta alguna.

Alrededor de las 02:00 horas se puede escuchar las patrullas y ambulancias que corren por el centro de la ciudad siguiendo el enfrentamiento entre los federales que llegaron el viernes por avión a la capital del estado y los maestros, vándalos y pueblerinos.

Durante el día del sábado, se podía ver maestros manifestándose en la calle, carros y camiones públicos quemándose a lo ancho de las carreteras para prohibir el paso de los policías. Gritos que vienen de todos lados, disparos, bombas molotov explotando es lo único que se puede escuchar cuando uno guarda silencio en búsqueda de paz.

En la mañana del domingo, cuando se intenta salir del infierno en el que se convirtió una bella ciudad, es imposible. Los maestros siguen sin permitir el paso y si a alguien se le ocurre tomar una foto, video o audio, se le aplica un castigo suficiente para hacer correr a los demás que intentan pasar.

La única forma de regresar a la capital del país es esperarse al martes 21 de junio, cuando la lluvia y el cansancio mandó a los maestros a descansar un momento. Cuando pasas por los lugares de enfrentamiento se puede ver todavía llamas en los restos de lo que solía ser un camión, vidrios por el suelo, dos o tres personas caminando por las calles y unas 50 bombas molotov resguardadas por un cuidador.

Es triste ver la situación de nuestro país, es triste pensar que en un país que “no está en guerra” viva estas situaciones, ver a los maestros manifestarse mientras vas a misa y los que pasan a leer las lecturas no puedan hacerlo de corrida sin tropezarse en la pronunciación de su lengua materna. La solución debería ser educar a la gente, por un pueblo educado no se deja.

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