Los “ya merito”

Por: Héctor Tapia Martínez / Foto: Lindero Norte

El deporte en las escuelas es un componente integral de la educación

El deporte en las escuelas es un componente integral de la educación

Georgia es un país cuya superficie no supera los 70 mil kilómetros cuadrados. Obtuvo su independencia de la Unión Soviética hace no más de 25 años y uno de los deportes más practicados en su territorio es el ajedrez. En México, por otra parte, habitan hasta 40 veces más personas que en Georgia y sin embargo, el país europeo superó al americano en el medallero de los Juegos Olímpicos (JJ.OO.) de Río 2016.

El domingo 21 de agosto terminó la edición número 31 de los Juegos Olímpicos de Verano, celebrada en Río de Janeiro, Brasil. Por consiguiente, la participación de la delegación de atletas mexicanos también conoció su fin. De los 126 competidores inscritos por el Comité Olímpico Mexicano (COM) únicamente cinco regresaron a su país natal con una medalla olímpica en el cuello.

Las preseas obtenidas colocaron a México en la posición 61 del medallero olímpico, 22 lugares por debajo del puesto alcanzado en los JJ.OO. de Londres en 2012 –39, con siete medallas– y 25 sitios detrás de lo obtenido Beijín 2008 –36, con tres medallas, dos de éstas de oro–.

El desempeño de los atletas mexicanos ha recibido distintos calificativos por parte de la prensa nacional que van desde “mediocre” hasta un “saldo positivo”. Por su parte, los escándalos de corrupción que rodean a los altos mandos de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) han desplazado al deporte de la conversación.

La posible malversación de fondos públicos o el presunto amorío del titular de la Conade con una modelo no tienen cabida para efectos de esta investigación. En las próximas líneas se retoma el discurso que abogados y políticos han plasmado en sus columnas de opinión de distintos periódicos de circulación nacional. Ellos señalan que el problema reside en la génesis de la cultura deportiva: las escuelas.

Un juego con reglas pero sin jugadores

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su artículo 3º, le confiere al Estado la responsabilidad de impartir educación desde el nivel preescolar hasta medio superior.

De acuerdo con el Plan Nacional de Desarrollo (PND) (2013-2018) del gobierno mexicano, “la práctica sistematizada y regular de actividad física y deporte es un componente fundamental de la educación integral”. Por lo anterior contempla, entre sus objetivos, la promoción del deporte.

De igual manera, uno de los objetivos planteados por el Programa Sectorial de Educación 2013-2018 (PSE) hace eco de las palabras del PND y contempla “Fortalecer la práctica de actividades físicas y deportivas como un componente de la educación integral”.

Ahora bien, ¿cómo pasar de la teoría a la práctica? Como parte del PND y el PSE, la Secretaría de Educación Pública (SEP) diseñó el programa “Serie: Educación física en la Educación Primaria”. En este manual dirigido a los docentes se sugiere la aplicación de múltiples ejercicios como Toro sentado y Bola pateada para “promover y generar el gusto por la actividad física”.

Al referirse una vez más a las páginas del PND se encuentran tres actores protagonistas de la impartición de educación física: la práctica de actividades físicas, el establecimiento de instalaciones adecuadas y la formación personal capacitado.

Líneas después, en el apartado “Deporte y educación”, se afirma que “Las autoridades (más tarde señalada como Conade) no han dado suficiente énfasis a esta materia”.

El papel se enfrenta a la realidad

A las 16:00 el patio de una escuela pública de la zona centro de la Ciudad de México aún está minado de conos fosforescentes. Los alumnos del turno matutino ya se encuentran en sus casas mientras que aquéllos del vespertino atienden a sus primeras clases del día.

Un estudiante de tercer grado de primaria, de nombre Marco, acepta colaborar en esta investigación al tiempo que comenta que es mejor dejar los conos ahí ya que aún restan un par de clases. “La clase de deportes es mi favorita, más en el primer día”, asegura.

La infraestructura del colegio está compuesta por cuatro canchas de basquetbol dibujadas con gis en el patio, los ocho aros correspondientes y una bolsa de nueve balones de diferentes tipos. Si se desea practicar un deporte distinto al básquet u otro juego de pelota es necesario tomar otras medidas: “A veces nos piden que traigamos nuestras propias cuerdas o aros para saltar (…) cuando preguntamos si los profes no nos van a dar material nos dicen que ‘ya merito’”, cuenta.

El alumno platica que la clase se divide en tres bloques de aproximadamente quince minutos. En el primero se realizan los ejercicios de calentamiento necesarios para evitar cualquier lesión. El segundo bloque consiste en correr a lo largo de la cancha, ya sea en vueltas o de cono a cono. Por último, la parte final de la clase es tiempo libre.

El diagnóstico tras la charla es el siguiente: interés deportivo por parte de los alumnos, quienes disfrutan la actividad deportiva más que el resto de las clases; e instalaciones limitadas, que reducen la gama de ejercicios y juegos a unos cuántos. ¿Y el diagnóstico del Estado? “Finalmente debe señalarse que en las instituciones de educación se forman pocos deportistas y con dificultad se detecta a quienes poseen talentos especiales para el deporte”, según el PND.

Mientras la solución ofrecida contempla la creación de ligas escolares y de un Sistema Nacional de Competencias, la realidad se acerca más al Toro sentado.

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