“Muerte” a los falsos ídolos

Por: Rodolfo Duarte

Mucha de la destrucción cultural se ha dado en función de acabar con cualquier ídolo en contra del Islam

Mucha de la destrucción cultural se ha dado en función de acabar con cualquier ídolo en contra del Islam

Desde el inicio de los tiempos, la destrucción de la cultura le ha garantizado a ciertos grupos el dominio total y definitivo sobre sus conquistas tanto territoriales como ideológicas. La idea de acabar con aquello que le da a un pueblo identidad y cohesión es con el simple propósito de garantizar su completa sumisión ante sus opresores.

En años recientes, el mundo ha sido testigo de un auge en los comportamientos extremistas de ciertos grupos relacionados al Islam. Dichos grupos, guiados por preceptos y creencias contrarias a cualquier cambio o movimiento en su religión, se han sentido en la necesidad de purgar todo territorio que ocupen de cualquier vestigio cultural endémico que pueda ir en contra de su ideología.

Dicha purga cultural se concentra sobre todo en sitios arqueológicos antiguos y exposiciones que muestren imágenes o esculturas de reyes antiguos, dioses e incluso animales. Ni siquiera las mezquitas se encuentran a salvo de la limpieza y deben ser libradas de todo elemento decorativo aun si este es un pasaje del Corán.

La gran necedad de los grupos fundamentalistas y el daño que ya han efectuado contra parte del patrimonio de la humanidad son ahora una preocupación importante para los países afectados y ya se empiezan a perfilar represalias para aquellas personas que formen parte de estos atentados culturales.

Este es el caso de Ahmad al-Madi, un hombre que dirigió la destrucción de varios mausoleos antiguos en Timbuktú en 2012, y que ahora será sometido a una sentencia en prisión de nueve a once años. Durante su juicio, al-Madi confesó ser culpable de todos los cargos de los que se le acusaba y afirmó haber estado siguiendo solo los preceptos que conocía.

El hecho de este arresto sienta un precedente y funge como punto de partida para tratar de evitar que actos similares se sigan repitiendo. Pone de manifiesto también la labor de grupos como Unite4Heritage, dirigido por la directora general de la UNESCO, Irina Bokova.

Al día de hoy, se han dado más de 30 casos de destrucción de patrimonio cultural a lo largo de todos los territorios controlados por Estado Islámico. Dichos atentados incluyen la erradicación completa de sitios tan importantes como la antigua ciudad de Palmira, la irrupción y depuración del Museo de Mosul y la demolición de varias iglesias y mezquitas que después son anunciados y difundidos por la revista de propaganda Dabiq.

No obstante, es preciso señalar que, por muy controversiales y escandalosos que puedan parecer estos hechos, la destrucción de la cultura es tan solo la privación de una extensión de lo que significa ser humano. Las acciones para defender el patrimonio no deben de superar a las acciones que se tomen para garantizar el bienestar de todas las personas que viven en territorios ocupados.

La devastación de la cultura se seguirá dando después en cualquier otro conflicto futuro. No hay que olvidar que no es un fenómeno nuevo, y así como sucedió con la Biblioteca de Alejandría, con las conquistas de América y con las quemas de libros del régimen nazi, la cultura se tendrá que perder.

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