Mirada ante el conflicto: Perseverancia vital

Por: Rodolfo Duarte / Foto por: Jorge Nacif

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Marieke Vervoort es una de las deportistas más célebres de los últimos años. No es por sus marcas personales o por su carisma, sino por su gran perseverancia  a pesar de su condición. Desde los catorce años, Marieke sufre de un trastorno degenerativo incurable que ha dejado paralizada la parte inferior de su cuerpo y le ha quitado un 80 por ciento de visión. Aparte sufre en ocasiones de fuertes dolores que terminan por postrarla en su cama. Esto no la ha detenido, y hoy posee tres medallas olímpicas por atletismo.

Pero, ¿qué tiene de especial todo esto? Es toda una historia de superación personal y derrota de los obstáculos que tiene los días contados.

Desde el 2008, Marieke tiene planeado someterse a la eutanasia en caso de que su enfermedad llegue muy lejos y ella deje de ser ella. No se ha dado por vencida y sigue viviendo todos sus días como si fueran el último. Basta con que un día sienta que ya no puede más y una rápida llamada la tendrá lista para ser dormida en compañía de sus amigos y familiares.

El hecho de que se mencione la eutanasia es ya un tema tabú que genera controversia y opiniones encontradas. Muchas personas afirman que la vida es preciosa y debe ser preservada a cualquier costo mientras que otras mantienen que es inhumano dejar sufrir a alguien que no lo desea.

Las declaraciones de Marieke sobre su futuro han abierto un nuevo segmento de discusión que insta a todo el mundo a observar como termina su historia y luego deliberar sobre la posibilidad de dar mayor libertad a todos aquellos que se quieran someter a un proceso similar pero que se encuentran limitados por las regulaciones en su país.

En nuestra opinión, la eutanasia es un buen medio de escape para cualquiera que sufra y no se quiera convertir en una carga para todos los que lo rodean. Mucho de lo que nos aparta de la idea de la muerte es nuestro propio egoísmo y deseo de que la persona afectada se quede con nosotros porque no soportamos la idea de que después ya no esté. A la hora de la muerte, el que se respete su dignidad humana y se le trate con respeto debería ser suficiente para que el resto acepte sus deseos y le deje ir.

 

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