El adiós del último emperador mexicano

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Parecía ser una tarde común y normal en el Coloso de Santa Úrsula, pero no era así. En las gradas se sentía un sentimiento agridulce ya que “el último 10” decía adiós a las canchas contra Monarcas Morelia,  disputando así el último partido de su carrera. Eran las 4.55 horas en el tiempo de la ciudad de México y la expectación por la salida de Cuauhtémoc era inevitable. Los asientos retumbaban por los gritos de la afición coreando su nombre.  En punto de las cinco, Blanco salía como capitán de un barco en el cual hizo una historia y dejó su nombre tallado en letras de oro. El estadio entero estaba rendido ante el último gran ídolo americanista.

El pitazo del árbitro dio inicio al final de la carrera de un jugador tocado por los dioses del futbol. Con 43 años de edad “El Cuau” se sentía inspirado y en cada ocasión que tenía contacto con el balón los aficionados veneraban a su ídolo. Rondaba el minuto 14 cuando Blanco Bravo hizo una jugada que trascendió mundialmente, la famosa “Cuauhtemiña”. La afición se rendía a los pies de un jugador que había obtenido dos campeonatos con el club América.

“Cuau” corría como si tuviera 20 años, pedía el balón con una efusividad tan grande como su leyenda, pero algo memorable estaba a punto de acontecer. El minuto del encuentro era lo de menos, los testigos de la despedida hervían en calor y Blanco inspirado tomó el balón.

Un silencio indescriptible inundó las gradas del estadio más grande de nuestro país, cuando Blanco tomó el esférico. Quitándose adversarios cual conos, “Cuau” iba en dirección hacia la portería contraria dando una cátedra de futbol. Después de driblar tres jugadores, Blanco se encontraba frente a un oponente dejando helada a un estadio que se desplomaba por la jugada. El nacido en Tepito hizo una genialidad picando el balón por encima del portero. Un instante de silencio acaparó el estadio mientras el balón iba con dirección a portería…La “pecosa” se incrustaba en el travesaño dejando atónito a millones de personas observando el encuentro.

Para infortuna de Cuauhtémoc el balón no terminaba en las redes pero esto era lo de menos, ya que la afición le reconocía la calidad de jugador. Llegaba el minuto 40 cuando lo inevitable sucedió. La sustitución del “10” se encontraba en la banda y Blanco pisaba por última ocasión la cancha como profesional. Carretadas de aplausos y gritos se hacían presentes en el Estadio Azteca dejando un legado para las posteridades.

Cuauhtémoc Blanco Bravo dijo adiós después de una carrera llena de logros y éxitos. Blanco dejaba una historia que no podrá ser igualada por nadie. El “Cuau” se fue, pero su nombre será recordado para siempre.

El partido concluyó 4-1 consagrando una tarde redonda tanto para Cuauhtémoc como para América, sumando tres puntos más para la causa de los amarillos. Las butacas del estadio se quedaron vacías en un abrir y cerrar de ojos, dejando así una tarde-noche inolvidable para un jugador que merecía un reconocimiento de tal magnitud.

 

 

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