México clandestino

 

 Por: Catina Flores Luiselli/Foto: Catina Flores Luiselli

mr-smith

Fotografía de Mr. Smith, caballo ganador, minutos antes de la carrera.

 

El día sábado 8 de octubre de 2016, en Ticumán Morelos, municipio de Tlaltizapán, tomó lugar el evento más esperado por la comunidad morelense: las carreras parejeras de caballos. Dicho evento posee una relevancia histórica innegable, el cual, a pesar de su ilegalidad, continúa suscitándose en un lugar místico, dentro de los sembradíos de caña –que conforman el paisaje de la región– en la hacienda Barreto.

El evento empezó a las 17:00 horas, cuando el sol comienza a ponerse tras las imponentes montañas del pueblo. La gente llegaba por montones, y tomaba su lugar en las sillas de plástico, –habrán sido unas cuarenta, quizá– acomodadas a la perfección a ambos costados de la meta; una línea de cal trazada unas cuantas horas antes, que, si bien no era del todo horizontal, cumplía con su función.

“Nadie conoce la ubicación exacta de las carreras, todos los años cambiamos de lugar pa’ que los policías no nos agüiten el relajo” afirma el señor Manuel “Cota” Castillo Treque. Sucede, pues, que dicho evento se declaró prohibido con el paso de los años, debido a la cantidad de dinero que se mueve con las apuestas, que carecen de regulación.

Acto seguido, dos señoras de mediana edad repartieron el programa a todos los presentes. Tomarían lugar cuatro carreras en orden de relevancia, culminando con la más importante: “la carrera estelar” –parecido a como sucede en el box–. Mr. Smith y El palomo competirían por el primer lugar en la última carrera de la tarde.

Así, la emoción comenzaba a aumentar unos veinte minutos antes del primer evento; las personas charlaban entre ellas con cierta cotidianidad, era evidente que la mayoría de los presentes se conocía.

Posteriormente, un señor de edad avanzada se dirigió a todos los presentes gritando: “¡Hagan sus apuestas, señores!¡Hagan sus apuestas!” Sorpresivamente, todas las personas en el recinto se acercaron a él para apostar; algunos sacaban de su cartera miles de pesos en efectivo, los depositaban en una caja parecida a una alcancía, para recibir un ticket, donde el señor escribía la cantidad de la apuesta. En cambio, otras personas –la mayoría sin duda– colocaban dentro de la caja sólo unas cuantas monedas.

En el momento previo al inicio de la primera carrera, un joven se colocó en la línea de partida, donde dos caballos aguardaban temblorosos a su salida. El ambiente se tornó más tenso, pues todos guardaron total silencio. Súbitamente, el muchacho levantó su brazo con una pistola en mano y, tres segundos después, disparó.

Ambos caballos salieron corriendo velozmente, jadeando por el esfuerzo que aquello conllevaba. Los jinetes, concentrados en la línea de la meta, miraban a su lado constantemente, para después fijar la vista nuevamente hacia delante. De pronto, conforme se acercaban a la meta, la gente comenzó a gritar descontroladamente.

El primer caballo cruzó la meta, había ganado. En la audiencia, algunos se levantaban de sus asientos, pues había ganado el caballo al que le apostaron. Otros permanecieron sentados, en señal de derrota, gritando palabras altisonantes a los cuatro vientos.

Conforme se aproximaba el momento más importante de la tarde, los presentes comenzaron a impacientarse, tal vez por el nivel de alcohol que circulaba por sus venas a esa hora. En cuestión de segundos, dos hombres –sin duda, borrachos– comenzaron a golpearse con desdén. Según el señor Cota, se trataba de dos jinetes; el perdedor había acusado al ganador de “(…) hacer trampa, y ahí empezaron los madrazos.”

Nuevamente, un silencio sepulcral invadió la atmósfera de la hacienda Barreto; era hora de la gran carrera estelar. Mr. Smith y El Palomo se colocaron el la línea de salida, uno junto al otro, aguardando el momento de salir. Al sonar la pistola, ambos animales salieron despavoridos en dirección a la meta. El Palomo, un caballo alazán de imponente porte, llevaba una ventaja de dos cuerpos a Mr. Smith; su victoria era segura.

El barullo del público se tornó indiscernible y estruendoso mientras ambos se acercaban a la meta. No obstante,  Mr. Smith,  comenzó a apretar el galope hasta emparejarse con El Palomo ¡Los presentes no podíamos creerlo!… El ganador por una nariz resultó ser Mr. Smith.

Todos aplaudieron y gritaron al observar el final de la épica carrera. Una emoción de alegría se apoderó del lugar, pues las carreras parejeras, el evento más importante del año, habían culminado con una batalla prodigiosa.

 Finalmente, al caer por completo la noche, era tiempo de partir. Al vaciarse el sitio, sobrevino la calma y, al mirar hacia atrás, no quedaba rastro del clandestino suceso. Absolutamente nada, más que aquella línea de cal que se borraría con el rocío de la mañana, al salir el sol.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s